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miércoles, 29 de mayo de 2013

Reencuentro

Aprovechando que seguimos en el mes del ciberpunk, he hecho otro relato. En este caso, está ambientado en el mismo universo que Incursores de la noche, pero no tiene nada que ver con la historia en sí, ni con sus personajes.
Creo que el relato bien valdría para algo más largo, como una novela corta, pero me temo que de momento se va a quedar en este formato (es lo que tiene la falta de tiempo y tener muchos proyectos pendientes...).

Reencuentro
Carela esperó a Sou tomando la mejor marca de zumo de frutas natural del mercado. Después de años sin saber de su amigo de la infancia, pensando que estaba muerto, se habían cruzado por casualidad el día anterior. Sonrió cuando le vio aparecer, completamente atónita por el cambio. Ni siquiera sabía cómo había reconocido en él al muchacho escuálido y debilucho con el que había jugado en la sala de control de su edificio cuando eran pequeños. Ahora era un hombre fuerte, gracias, en parte, a los ciberimplantes, aunque quedaba claro que estaba en forma. Su sonrisa, entre triste y sarcástica, era la misma.
—Vaya. Realmente tienen que irte bien las cosas, si bebes productos naturales —dijo Sou, señalando el zumo.
—No me va nada mal, no. ¿Y qué ha sido de ti en todos estos años?
—Buena forma de no decir nada. ¿Por qué tengo que empezar yo?
—No fui yo la que desapareció sin dejar rastro después de que su padrastro y sus hermanastros fueran salvajemente asesinados.
—No. Tú fuiste la que se quedó de niña de los recados en un burdel que fue borrado del mapa por las fuerzas del orden de la burbuja —Carela soltó una carcajada, pero se quedó callada, mirándole fijamente—. Oh, está bien. Di cobijo a uno de sus enemigos en el almacén donde me obligaban a trabajar. Me regaló un arma como agradecimiento, y cuando descubrieron mi supuesta traición e intentaron matarme a palos la usé para defenderme. Luego puede que me ensañara un poco con sus cadáveres. El tipo lo vio todo y se hizo cargo de mí. Te toca.
—Aguanté fingiendo sumisión para que no me ataran el día de mi ascenso a puta, rajé la garganta al primer cabrón que me alquiló y utilicé su pda para dar aviso a las fuerzas del orden de la burbuja.
—Así que ahora eres una de sus soplonas.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Vives demasiado bien para ser una simple ciudadana sin corporación, y no llevas el logo de ninguna empresa religiosa.
—Vale, sigues siendo observador. Aunque siento decirte que te has equivocado. No soy una soplona de las fuerzas del orden. Soy una de ellos.
—¿Y me lo dices así, sin más?
—No soy una de las que van de incógnito. Puedes consultar mis datos en la base de datos pública —dijo orgullosa. No era para menos. Generalmente las fuerzas del orden las formaba gente de las corporaciones religiosas, y sólo unos pocos ciudadanos sin amparo corporativo. De ese cuerpo de élite, sólo unos pocos eran la cara visible de esas fuerzas, y se encargaban de las misiones más duras—. ¿Y tú? ¿Sigues con ese tipo?
—Bonita forma indirecta de preguntarme si soy un criminal.
—Simple curiosidad. Mis objetivos son siempre públicos y conocidos, por no hablar de que no estoy de servicio y por tanto no tengo por qué informar de nada, de modo que no tienes que preocuparte.
—Digamos simplemente que no estoy en el sistema y que no suelo seguir sus reglas.
—Entonces, mientras no hagas algo tan gordo como para que te señalen como objetivo mío, todo irá bien —sonrió, y Sou soltó una carcajada.
—No has cambiado ni pizca.
—Tú tampoco.
Ambos se miraron fijamente un rato y luego continuaron hablando, como si nada. No obstante, ninguno de ellos volvió a decir palabra sobre criminales o fuerzas del orden, sabiendo que mientras no tocaran esos temas podrían retomar su amistad donde la dejaron.
***
Días después, Sou entrenaba en el gimnasio cuando su mentor irrumpió en la sala.
—¿Qué ocurre?
—Jargas ha metido la pata y viene hacia aquí. Un agente público de las fuerzas del orden le sigue. Yo me marcho, encárgate de todo.
—El muy imbécil —gruñó Sou, dirigiéndose hacia sus hombres para organizar la destrucción de todo cuanto pudiera ocasionarles problemas. Para cuando Jargas apareció, disparando a lo loco y abriéndose paso hasta el búnker antes de que pudieran interceptarle, ya no quedaba nada que pudiera comprometerles. Poco después apareció el agente en su aeromoto. Sou maldijo entre dientes cuando se quitó el casco y reconoció a su amiga.
—A ti sí que no te esperaba —gruñó ella, frunciendo el ceño.
—Ídem.
—Imagino que sabrás cómo funciona esto... —suspiró Carela.
—Tendrás nuestra completa colaboración, por supuesto. Aunque se ha encerrado en el búnker y tendrás que tener paciencia —Sou señaló hacia la puerta blindada, encogiéndose de hombros.
—¿Cuánto tardaréis en abrirlo?
—Unos tres cuartos de hora.
—De acuerdo. Entre tanto, estoy obligada a hacer un registro rápido de la propiedad.
—Lo sé. Permíteme que te acompañe —ella asintió y Sou la condujo a la primera puerta mientras daba las últimas órdenes—. Muchachos, ya sabéis qué tenéis que hacer.
Ambos recorrieron las dos primeras plantas la propiedad, las que legalmente les pertenecían, y Carela liberó dos robots espía para que recorrieran el resto de los ciento cincuenta pisos y avisaran si notaban algo sospechoso. Quedaba claro que alguien se había dedicado a eliminar todas las pruebas, pero ella sólo tenía permiso para dar caza a los objetivos públicos, no para interrogar o investigar, y lo único que podía hacer era añadir en su informe ese tipo de detalles.
—Ya he visto todo lo que tenía que ver —dijo, algo molesta.
—¿Ya? Aún tenemos un cuarto de hora largo hasta que abran el búnker.
—¿Para que tengáis tiempo de llegar hasta mi presa antes que yo? No te ofendas, pero no me parece buena idea.
—No somos tan idiotas.
—No cuela —bajaron de nuevo a la planta baja y observaron cómo los hombres acababan de abrir el búnker. No obstante, el humo verde que salía de la sala acorazada le indicó a Carela que no iba a conseguir a su presa viva—. Maldita sea, Sou. Ahora recibiré un veinte por ciento menos de la comisión.
—¿Por qué me lo dices a mí? Yo he estado todo el rato contigo.
—Dile a tu jefe que accionar las defensas contra intrusos sabiendo que son prófugos y que un agente les persigue es un asesinato con el mayor de los agravantes —le ignoró ella, cubriéndose adecuadamente y tomando una muestra en un recipiente especial que en seguida confirmó lo que sospechaba: el veneno estaba diseñado para ser letal, salvo para tres ADN registrados.
—Es posible que se haya activado automáticamente.
—Aun así, todos esos mecanismos, a parte de ser ilegales, tienen sus códigos de desactivación. Más os vale estar fuera de la ciudad antes de que pasen tres horas.
—¿Nos?
—A no ser que quieras quedarte para que te interroguen...
—No tengo nada que ocultar —Sou se encogió de hombros con una sonrisilla—, aunque los interrogatorios son desagradables. Mejor me voy hasta que se demuestre la inocencia de mi jefe.
—Hasta que unte los bolsillos de la gente apropiada, más bien.
—Lo que sea. La cuestión es que ya no será asunto tuyo.
—No. Aunque como vuelva a hacerme perder parte de mi comisión me cabrearé de verdad y me lo tomaré como algo personal —respondió ella secamente, mientras desplegaba un robot para que se encargara del cadáver. Sou consideró la posibilidad de hacerle llegar el equivalente de lo que había perdido, pero de inmediato supo que se lo tomaría como una ofensa y lo dejó correr. Ya encontraría la forma de compensarle la pérdida... cuando se volvieran a encontrar.
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Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

2 comentarios:

  1. ¡Fiu! Un texto bastante sustancioso, con mucho detrás, por supuesto, yo espero que si te animes a escribir la novela corta después.

    Gracias por compartirlo, siempre es un placer leerte.

    Saludos :)

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  2. :D Sí que lo acabaré por hacer... dentro de mucho. De momento tengo muchos proyectos previos que no me gustaría dejar ^^

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