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domingo, 18 de octubre de 2009

carbón

Ese diciembre, los niños del colegio fueron más que nunca al psicólogo escolar que, extrañado porque los niños no pararan de decir incoherencias como que odiaban los plátanos y no servía de nada ser bueno, decidió iniciar una investigación.

No salió de su asombro cuando se enteró de qué había provocado semejante trauma en los pequeños: un niño más mayor, enojado porque Santa Claus le había llevado carbón el año anterior, había realizado un malévolo dibujo en que se le veía muerto en la nieve por causa de un plátano, lo había fotocopiado y lo repartió entre los chiquillos.

Ese año, el travieso niño volvió a recibir carbón.

sábado, 3 de octubre de 2009

El caso Dalms

Dalms era un gran científico, y como tal su búsqueda debía ser también grande. Él siempre había sido un apasionado de la literatura fantástica, en especial de la que tenía que ver con las criaturas de la noche, así que un día, tras leer un manuscrito sobre hombres lobo, se dio cuenta de que esas criaturas podrían llegar a existir.

-Llegó un momento en que mis investigaciones no podían limitarse a los muertos –le escuché decir en el juicio – Así que comencé a utilizar especímenes vivos para mi gran obra. No utilicé más que mendigos, nadie imprescindible para nuestra sociedad.

El abogado le preguntó por sus resultados, y entonces el genio miró a los presentes en la sala y se puso a reír de forma demente.

Evidentemente, fue condenado a la horca, obligado a pasar sus últimas horas en una celda repleta de gente. Ninguno de los condenados fue ahorcado al día siguiente, y nunca se dieron explicaciones. Aunque a no me costó demasiado esfuerzo descubrir la verdad… Un aterrado vigilante me contó que, cuando la luz de la luna llena entró en su celda, Dalms se transformó en una horrible bestia. Ninguno de sus compañeros de celda sobrevivió a la masacre, y los guardias, cuando lograron reaccionar, abatieron al gran lobo con sus saetas. Nada más acertarle las saetas, su cuerpo volvió a la normalidad y murió lentamente rodeado de cuerpos descuartizados.

Unos considerables sobornos me han permitido tener acceso a su diario de investigación, y creo haber conseguido la fórmula. Siempre he deseado tener poder, y el poder del lobo es más que apetecible.