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viernes, 30 de enero de 2009

La locura de Guardián

El Guardián. Descendiente de ángeles, protector del Reino de Iss. Ahora está loco, loco como la mayoría de los que siguen fieles a la luz. Todo empezó cuando ellos cambiaron su estrategia…

Raksha, el señor de los demonios, deseaba Iss desde el momento en que el Guardián puso su pie en él. Desde entonces, envió una horda de demonios tras otra, pero el Guardián se mantuvo firme y nunca lograron traspasar la frontera. Años atrás, dejó de enviar sus hordas. Parecía que estaba derrotado por fin, y el Guardián se confió. Pero Raksha sí que había enviado a sus hordas. Súcubos e íncubos fueron enviadas en secreto a seducir a los nobles señores del Reino. Pocos hay con un espíritu capaz de resistir a estas criaturas, y los pocos que se resistieron murieron de una extraña plaga.

Muchos polimórficos se infiltraron en las ciudades y comenzaron a agitar sutilmente a las masas. El bien nos oprime, no nos da la libertad necesaria, fue una frase que comenzó a susurrarse cada vez con más frecuencia.

El Guardián, ajeno a esto, siguió ocupándose de sus fronteras, sin siquiera poder imaginar que el enemigo ya estaba dentro… y que sus protegidos comenzaban a seguirle. Los nobles comenzaron entonces a hacer peticiones. Peticiones razonables, que no discordaban en absoluto con la luz, así que aceptó. Pero luego los nobles empezaron a pedir más y más, cada vez cosas más impensables, más contrarias a la luz, y el Guardián tuvo que tomar medidas.

Los nobles se enfurecieron, comenzaron a tramar contra el Guardián, siempre dispuestos a escuchar las maldades que susurraban en sus oídos sus nuevos amantes, de extraordinaria belleza, siempre dispuestos a realizar sus fantasías más ocultas ¿Qué hombre, qué mujer, puede negar nada a un ser que ha conquistado su cuerpo y su mente? ¿Quien puede imaginar que un demonio se esconde tras la persona que más desea?

Entre tanto, el pueblo llano rumoreaba. El Guardián niega a los nobles. El Guardián es cada vez más estricto. El Guardián nos oprime.

Todo fue peor después de dos años de malas cosechas. Los criminales aumentaron, y por tanto las ejecuciones. El Guardián no podía tolerar que Iss se llenara de delincuentes. Los nobles pidieron, a petición popular, que se bajaran los impuestos. El Guardián se negó al principio, luego tuvo que acceder por la presión. Pero luego llegaron pidiendo que las ayudas y servicios volvieran a incrementarse, pero, al haber disminuido los impuestos, no había más fondos con los que costear esa petición. Entonces se produjo la primera revuelta seria. Uno de los nobles, adorado por el pueblo gracias a las manipulaciones de los polimórficos, murió durante la rebelión, seguramente asesinado por los propios demonios, más que probable, por la súcubo que le había seducido. Pronto se extendió el rumor de que habían sido los Hombres de la luz quienes lo habían matado, por orden del Guardián. Los rumores se extendieron aun más, e incluso aquellos que habían confiado antes en el buen criterio del Guardián comenzaron a dudar.

El Guardián comenzaba a dudar de que lo que estaba ocurriendo en su Reino fuera algo natural, pero no tuvo tiempo de pensarlo mucho, porque Raksha es astuto y aprovechó ese momento para atacar con la horda más grande que se había visto nunca. La prioridad de Guardián siempre había sido su frontera, y tuvo que reaccionar. El ejército regular no era suficiente, y se tuvo que reclutar a gente de a pie. Eso sólo agravó aun más las cosas. La segunda revuelta estalló cuando se recibió la primera lista de bajas y fallecidos. Se tardaron dos horas en leer todos los nombres de los muertos de un solo día, y los ciudadanos ya no soportaron la situación. Otros tres nobles queridos por el pueblo fueron asesinados y se volvió a culpar al Guardián.

El resto de nobles aprovecharon ese momento para entregar una lista de peticiones que el Guardián no podía cumplir. La petición más realizada fue que los hombres reclutados en la calle pudieran volver a sus casas. Si el Guardián hacía eso, las fronteras caerían. Los rumores se convirtieron en gritos de protesta. ¡El guardián nos esclaviza! ¡El Guardián quiere el poder! ¡El Guardián elimina a todo el que está en su contra!

Los nobles formaron una coalición y se declararon independientes. Eligieron como rey al consorte de una poderosa noble. Un demonio, pero su actuación era tan terriblemente creíble que todos creyeron que era un santo, mientras que el Guardián se había dejado corromper.

Por aquel entonces el Guardián comenzaba a comportarse de forma extraña, pero la situación le sobrepasaba y ninguno de los que aun le eran fieles se extrañó. Siguió defendiendo las fronteras aunque ya no eran suyas. No había hombres suficientes, porque los reclutados volvieron a sus casas, y los nobles redujeron los ejércitos. Luego, decidieron parlamentar con los demonios y al pueblo le pareció bien, puesto que hacía varias semanas que se decía por ahí que quizás los demonios no eran tan malos. Los Hombres de la luz del Guardián fueron perseguidos y masacrados por humanos como si fueran demonios, mientras que los demonios entraban en Iss triunfantes, amparados por un tratado de paz que nunca cumplirían.

Pocos, muy pocos Hombres de la luz logramos sobrevivir. Ahora estamos aquí, atrincherados desde hace años en la Ciudad de la Luz, la inexpugnable fortaleza del Guardián. Tenemos de todo, menos la libertad para salir. Los humanos del antiguo Iss, que se alegraron de la paz con los demonios, pronto cambiaron de opinión. Ahora son sus esclavos, pero nada podemos hacer porque ellos mismos fueron los que nos masacraron, no somos suficientes y si salimos de aquí acabaremos como ellos. Y los demonios son cada vez más, al no haber nadie que los combata.

El Guardián. Descendiente de ángeles, protector del Reino de Iss. Ahora está loco, loco como la mayoría de los que seguimos fieles a la luz. Loco por su debilidad, loco por no haber entendido lo que estaba pasando hasta que ocurrió. Loco por no poder hacer nada. Loco para evadirse, pues vive como si no hubiera ocurrido nada malo. Cuánto le odiamos. Pero nada podemos hacer, porque él en el fondo sigue siendo puro… y es su pureza la que mantiene la barrera de la Ciudad de la Luz. Y si la barrera cae, la ciudad ya no será inexpugnable y ellos vendrán. Así que recemos, recemos todos porque el Guardián no recupere jamás la cordura, porque si la recupera y ve lo que ha hecho, morirá de pena y todos estaremos condenados a un destino peor que la muerte…

viernes, 23 de enero de 2009

Mis extraños colgantitos

Uno de mis entretenimientos es hacer colgantes frikis. No he logrado vender ninguno, pero me da lo mismo: yo sigo a mi bola, como siempre. Estas son algunas fotos de los que he logrado encontrar (los guardo en distintos sitios y así me va la cosa, que luego no sé dónde encontrar)


Nota: he recibido quejas de que no se entiende la entrada anterior a esta. Seamos lógicos, por favor: si pone parte 2 es que hay una parte 1 en algún lado ¿no?

viernes, 16 de enero de 2009

Encuentros (parte2) (perdón por el retraso)

Roberto

¡Se negaba! ¿Cómo era posible? Había usado la sonrisa, su sonrisa más encantadora, con la cual había logrado siempre hacer desfallecer a las chicas. Y ella no sólo se había negado, sino que también lo había hecho con un tono enormemente burlón y sin poner ninguna excusa. Sin estar acostumbrado, ni mucho menos, a que ninguna chica le negara nada, preguntó:

-¿Por qué no?

-Porque si te ayudo, no será tu regalo, técnicamente será un regalo mío pero que has pagado tú - respondió ella, aun con ese tono burlón. Era increíble. Inconcebible. Le había dado una respuesta simple y coherente, seguro que pensando que era irrefutable. “A este juego podemos jugar dos, bonita” ¿Acababa de pensar que era bonita? Aunque ahora que la miraba con atención, lo cierto era que era bastante atractiva. Casi guapa. No entendía cómo no se había fijado antes en ese detalle.

-Pero si no me ayudas, probablemente le compraré algo que ya tenga o que no le guste, lo que sería una desilusión para Sara y ya sabes el mal humor que se gasta cuando no le ha gustado algo… -contraatacó utilizando otra vez su sonrisa. A lo mejor la primera vez no la había usado bien…

-Pero eso es tu problema, y yo no tendré que aguantar su mal humor, porque mi regalo seguro que sí le gusta –volvió a replicar Estrella. Esa chica empezaba a caerle bien. Era la primera que conocía capaz de negarle algo de forma tan directa. Pero en ese momento, era un problema. Probó con su último recurso… suplicar.

-Venga, mujer, ¡si no te cuesta nada! Estoy desesperado, inseguro de que lo que me llama la atención sea lo que le gusta a ella. ¡Por favor!

- El que no me cuesta nada es relativo. Y lo cierto es que tu desesperación, más que empatía, me produce risa.

¡No funcionaba nada! Y lo más estúpido de todo era que eso le encantaba. “La verdad es que la chica es encantadoramente borde. Aunque eso suena contradictorio, es así. Me gusta su estilo.”

-Bueno, pues ríete de mi, pero mientras me ayudas, que seguro que tienes ocasión.

-¿No me vas a dejar en paz hasta que no logres que te ayude? –respondió ella con tono cansado.

-Lo cierto es que te has convertido en un reto personal para mí –dijo burlonamente. Y era verdad. Como también era cierto que ahora le apetecía mucho pasar un rato más con ella.

Estrella

¡Era un pesado! Pero un pesado encantador, eso sí. Y le respondía de forma bastante inteligente. Quizás no fuera tan tonto como parecía. Lo cierto era que tenía pensado aceptar… tras hacerle sufrir un poco. Así pues, se hizo de rogar un poco, como si se lo pensara, y luego se levantó lentamente y dijo con voz de aburrida:

-Está bien

Él sonrió, pero no era esa sonrisa para encandilar, que en el fondo era una sonrisa entrenada y falsa que hacía que se le marcaran los hoyuelos. Era una sonrisa de verdad, la primera que le veía, y eso le gustó.

-¿Qué tenías pensado? –preguntó arrebatándole los libros que llevaba en la mano. Filosofía, un libro en inglés, narrativa histórica… Lo cierto era que tenía intuición al elegir los libros, pero a Sara no le pegaban nada –No sirven. Sara no habla inglés, sino francés, no la he visto nunca coger un libro de filosofía y ese libro se lo presté hace poco y me lo devolvió al poco diciendo que no podía pasar de la página quince.

-Es que esos no son para Sara, son para mí –dijo él, volviendo a arrebatarle los libros.-Pensaba comprarle algo de este tipo, de los que se lee siempre, y con ésos estoy totalmente perdido.

Increíble. Los libros eran para él. ¿Sería que tras su máscara de tonto guaperas se escondía una persona inteligente y compleja. Empezaba a gustarle ese chico. Y no solo físicamente. ¿Quién iba a decirle que alguna vez Roberto le caería bien?

-Bueno, pues entonces, elige uno y yo te doy mi aprobación o no- dijo sonriendo ella también. Él eligió uno tras pensárselo un rato.

-¿Por qué ese? –preguntó ella, sin entender una elección tan rara y sin mirar siquiera la contraportada.

-Me gusta la portada. ¿Lo apruebas? –dijo con un tono extraño “¿Está coqueteando conmigo?”

-No, a menos que quieras comprarle los cinco que van delante.

-¡Ups! –exclamó Roberto, tras lo cual lo dejó en su sitio echándose a reír. “¡Qué chico más raro! Pero no lo estoy pasando tan mal…”

Cajas del centro comercial

Roberto

Acababa de pagar y esperaba a que lo hiciera Estrella. ¡Qué chica más interesante! ¡Y pensar que no quería hablar con ella cuando la vio por primera vez en el centro comercial! Había sido muy paciente con él (más de lo que él se hubiera atrevido a esperar) y, de hecho, había hablado con tanta pasión del libro que había cogido por primera vez que había cogido el primero de la colección a ver qué tal estaba. Y además no era tan empollona ni tan tontita como se figuraba al principio Era una persona fascinante y le alegraba encontrar a alguien con quien, para variar, poder hablar de cualquier tema sin parecer un bicho raro. Era un estúpido por haberse dejado llevar por su primera impresión con ella. “No es que sea aburrida, es que es algo tímida, nada más. Pero yo soy un imbécil y he desperdiciado meses de lo que puede llegar a ser una buena relación solamente por prejuzgarla”

-Estás en las nubes –dijo Estrella a su lado. Salido de su ensimismamiento, le dedicó su mejor sonrisa y miró sus bolsas. Tenían pinta de pesar un montón.

-¿Seguro que puedes con todas?

-Lo cierto es que estoy acostumbrada, lo hago una vez al mes, y soy bastante fuerte –dijo ella sonrojándose. Era guapa de verdad. Seguro que si no llevara unas pintas tan raras sería sensación entre los chicos.

Estrella miró entonces la hora y dijo:

-Tengo que irme a casa ya, se me ha hecho muy tarde y es casi la hora de comer. Ha estado bien. Nos vemos.

-¡Espera! –dijo Roberto casi gritando -¿y si te invito a comer? Después de todo, es lo menos que puedo hacer después de hacerte perder el tiempo de esta manera por lo inútil que soy para encontrar un regalo apropiado. –No podía dejarla ir tan pronto, ahora que estaban disfrutando de su mutua compañía, que se caían bien.

-No sé… Se supone que tengo que irme ya a casa y…

-Y ¿Qué? Ya no tenemos que estudiar nada, nos lo estamos pasando bien y tú misma has dicho que ya es la hora de comer. ¿No crees que es mejor que hagas una llamada a tus padres y que te ahorres el llegar tarde? No me negarás que no es un buen argumento…

Ella le sonrió y se echó a reír

-¿No me vas a dejar en paz hasta que no logres que vaya?

Roberto se echó a reír también y respondió

-Lo cierto es que te has convertido en un reto personal para mí

Domingo por la tarde. Parque cercano al centro comercial

Estrella

Hacía horas que terminaron los bocatas que habían comprado previamente en un restaurante de comida rápida, pero lo cierto era que no se aburría en absoluto. Roberto era, en realidad, muy interesante. Su fachada de chico tonto pero guapo se había desmoronado enseguida, y le gustaba lo que había debajo.

Habían hablado de todos los temas posibles, música, filosofía, cine, arte… No siempre coincidían en todo, ni mucho menos, y era eso, quizás, lo que más le gustaba. Tenía sus propias opiniones, y lo mejor era que sabía argumentarlas. Lo único que la había molestado un poco era que parecía un imán para las chicas. Todas le conocían y todas se paraban a hablar con él. Hasta que se dio cuenta de que él estaba tan incómodo como ella, y se habían ido a una zona del parque por la que no solía pasar nadie.

Atardecía. Finalmente, se dio cuenta de lo tarde que era y se levantó

-Bueno, ahora sí que es hora de irme a casa ¿Sabes? Mis padres no acostumbran a tenerme todo el día fuera de casa y deben estar algo preocupados.

-¡Vaya, sí que es tarde! Te acompaño –dijo, levantándose él también y cogiendo una de sus bolsas. -¡Pesa de veras!

Sonriendo, se encaminaron hacia la casa de Sara sabiendo que era el comienzo de una nueva amistad.

El domingo siguiente por la tarde. Fiesta de cumpleaños de Sara

Sara

Se había perdido algo importante y lo sabía. No había otra explicación posible. Los sucesos extraños empezaron el domingo pasado, cuando su primo Roberto la llamó para pedirle, por favor, que le dejara asistir a la fiesta de cumpleaños que le habían preparado sus amigos. No entendía exactamente el por qué de su petición, ya que era frecuente que Roberto se dedicara a decir lo raras que eran sus amistades. Aunque adoraba a su primo, esa faceta suya no la gustaba nada, y no quiso invitarle al principio, pero al final insistió tanto que aceptó con recelo.

Pero la cosa había sido cada vez más rara. Su amiga Sara se había pasado toda la semana comportándose de un modo extraño. Sonreía mirando al infinito, perdida en sus ensoñaciones. Las ensoñaciones eran comunes en ella, pero no con tanta frecuencia, y no de esa forma.

Pero había algo más. Dos tardes, había dicho que no iba a salir con el grupo porque había quedado. Para Estrella, eso significaba quedarse en casa leyendo. Como ese verano todos habían decidido que iban a hacer que Estrella no se convirtiera en un vampiro (el verano anterior incluso no podía salir al sol porque le hacía daño en los ojos) habían ido a buscarla, para encontrarse con sus desconcertados padres diciendo que pensaba que había salido con ellos. Cuando la preguntaban por dónde se había metido y con quién, se limitaba a reírse y responder “Si te lo dijera, no me creerías”

Luego estaba la cuestión del regalo. Roberto había acertado de pleno, y eso que todos los años la regalaba algo horrible.

Pero lo más extraño de todo se lo había encontrado cuando llegó a su fiesta. Roberto y Estrella estaban conversando como si fueran amigos de toda la vida y no paraban de reírse. Pasó eso por alto hasta que, por casualidad, los vio besarse en un rincón.

Apostando que todo estaba relacionado de algún modo, aunque sin comprender cómo se había producido esta situación, se acercó a ellos cuando la dejaron libre un momento y preguntó:

-¿Y bien?¿qué está pasando aquí?

Los dos se miraron y, riendo, Roberto respondió:

-No nos mires con esa cara, mujer, después de todo, aunque sin quererlo, todo esto es culpa tuya.